No hace falta utilizar una bola de cristal para visualizar cómo su graciosa majestad condecora a Matthew Goode como Sir de aquí a unas décadas. Más british que el gin tonic y con pasado teatral de actor shakesperiano, este rubito que acaba de entrar en la treintena está hecho de la misma pasta que intérpretes como Terence Stamp o Ian McKellen. Actores que, aun encarnando al más sucio de los mendigos, conservarían una elegancia innata que no se adquiere en ninguna escuela dramática.
Quizá por ello, Woody Allen lo tuvo claro al darle el papel de encantador pijo londinense en Match Point. Puede que Jonathan Rhys Meyers se llevara los mayores elogios -y suspiros-, pero el éxito de la película sirvió para poner el nombre de Matthew en las agendas de los grandes estudios y publicistas. De inmediato, Hackett le eligió como su nueva imagen y nos dejó bien claro que, con su 1'88 de estatura, los trajes de tweed le vienen como anillo al dedo.
De ahí a suceder a Jeremy Irons en la versión cinematográfica de Retorno a Brideshead había un paso. Ambiguo, seductor y arribista, su personaje de Charles Ryder conquistó al publicó gay por su poco sutil relación con el aristócrata Sebastian y un desnudo trasero poco púdico. Precisamente, en su primer filme, Al sur de Granada, Matthew ya había demostrado que a él lo de enseñar cacha le importaba bien poco. Y es que basta con leer alguna de sus entrevistas, cuajadas de sonoros ‘fucks', para intuir al cachondo que este refinado gentleman lleva dentro.
Para sacudirse el ‘síndrome Orlando Bloom' (también conocido como "el de actor encasillado en producciones de época"), Goode se calzó el traje de látex para participar en esa bombástica deconstrucción de los superhéroes que era Watchmen. A pesar de que la película debería haber sido su pasaporte a al estrellato mainstream, los fans de la novela gráfica le dieron la espalda.
Aun así, Goode guarda un as en la manga, porque el 12 de febrero se estrenará en España una de las películas más esperadas de la temporada, A Single Man. Dirigida por el diseñador Tom Ford y basada en la novela de Christopher Isherwood, cuenta cómo un profesor universitario interpretado por Colin Firth (que ganó por este papel la Copa Volpi) es incapaz de superar la muerte de su pareja, encarnada por Goode. Teniendo en cuenta la seductora forma con que Ford se detiene en retratar la fisonomía del británico, está claro que, si aún no te has rendido a su charme, esta película te hará ver la luz.