Hacía mucho que no interpretaba un personaje con el jugo de su protagonista en El cónsul de Sodoma. Y es que da vida nada menos que al poeta Jaime Gil de Biedma (1929-1990), cuyas experiencias se recrean en la controvertida cinta de Sigfrid Monleón, que Mollà defiende con pasión.
Entrevista Agustín G. Cascales
Entrevistar a Jordi Mollà es una experiencia intensa y diferente. Aparentemente absorto, se concentra para ofrecer el máximo de información en el menor tiempo posible. No es que quiera despacharnos rápido, es que tiene que coger un AVE porque rueda en Sevilla con Tom Cruise y Cameron Diaz. "Otra vez me han dado el papel de traficante, qué poca imaginación", comenta sarcástico. El contraste será brutal: pasará de hablar sobre Jaime Gil de Biedma a zambullirse en una típica superproducción hollywoodense, aunque con acento andaluz. "Que un blockbuster despierte interés es normal, pero que una película como El cónsul... levante tanta polvareda incluso antes del estreno no es habitual. Todo gracias a las familias cristianas...". Son muchas las voces discrepantes que han puesto en guardia a los medios frente a esta película de Sigfrid Monleón basada en una biografía escrita por Miguel Dalmau. Amigos cercanos de Gil de Biedma, como la fotógrafa Colita o el escritor Juan Marsé, no están de acuerdo con la visión que se da del poeta en dicho libro y mostraron su temor ante lo que pudieran ver en la pantalla. También se corrió el rumor -cierto- de que El cónsul de Sodoma cuenta con secuencias de sexo explícito, lo cual inquietó a sectores conservadores. "Lo importante es que la película cuenta con momentos como ese último plano que no deja indiferente a nadie, sea hetero o gay". No desvelaremos cómo es ese plano, que a ritmo de Pet Shop Boys muestra a un señor que asume de un modo particular que se le va la vida. Y es que Jaime Gil de Biedma era cualquier cosa menos convencional.
Mollà es consciente del regalo -envenenado- que ha sido un personaje como este. "El problema es que después de un trabajo así lees material con el que no sabes qué hacer. Por suerte, soy lo suficientemente verdulera como para cambiar de traje y contexto con facilidad". Jordi se refiere a Gil de Biedma todo el tiempo como ‘Jaime', y habla de él casi como si estuviese en la habitación. "No sabía nada de él ni de su poesía cuando me propusieron esto, y al ver una foto suya en Google me dio la sensación rara de que ya le conocía. Además, me recordó a un amigo que murió de sida, como Jaime. Me fui impregnando de él y mi único miedo a partir de ese momento era constiparme. En un rodaje en el que tienes que estar todos los días es lo peor que te puede pasar. Parecía Judy Garland, todo el día con pastillas. Aunque las mías eran vitaminas".
El riesgo de constipado estuvo presente durante buena parte del rodaje, porque no son pocas las secuencias de desnudo que protagoniza Mollà. El cónsul de Sodoma ilustra de un modo muy gráfico las andanzas sexuales de Gil de Biedma, que vivió su homosexualidad con un desparpajo que no solo escandalizó en su época ("¿qué tiene de extraño un hombre con semejante apetito?", se pregunta el actor). Precisamente, ese se ha convertido en uno de los ganchos de una película en donde la poesía de Gil de Biedma también tiene cierta relevancia a nivel narrativo. "Su sexualidad es una parte importantísima de su vida, basta con leer Diario del artista seriamente enfermo para verlo, y no se podía obviar. Se rodó material adicional de más voltaje que el productor dijo que no se podría usar. Incluso orgasmos masculinos a cámara lenta y en primer plano". Algunas escenas sexuales se quedaron en guión, sin rodar, y alguna sugerencia del director hacia su protagonista no cuajó. "En el primer encuentro sexual de Jaime con un chico filipino, Sigfrid me dijo que quería rodar cómo me hacía una mamada, para ver si caía... El actor filipino es un icono gay allí, y creo que trabaja en pornografía. Para él no iba a ser complicado rodarla, pero mi caso era distinto".
Mollà cuenta que el cumplir años, en su caso, trae consigo un mayor pudor. "La gravedad me afecta, y le dije a Sigfrid que [saca pluma] una ya no está para enseñar tanto". Aunque poco queda para la imaginación, como sucede con varios de sus partenaires masculinos. "Mis ligues y mis novios en la película son todos chicos bellos", afirma. "Pero Sigfrid apostó por actores con un rollo más Pasolini, y a mí me gusta más la belleza masculina tipo Visconti. Curiosamente, ninguno era gay... ". Nadie podrá dudar que el Jamie Gil de Biedma que aparece en El cónsul de Sodoma era un enamorado de la belleza. Y de la vida. Un creador cuya historia y legado resulta de lo más relevante, algo que certifica Mollà. "Por eso no quisiera que se considerase que esta es una película de época, sino el retrato de un tío moderno y atípico, un homosexual de los que marcan".
LA PELÍCULA EL CÓNSUL DE SODOMA SE ESTRENA EL 8 DE ENERO EN CINES DE TODA ESPAÑA.