De un tiempo a esta parte, a Sam Worthington le ha ocurrido algo parecido a lo que sucede con Bradley Cooper: ha pasado de ser un completo desconocido a hacerse un hueco perenne en la cartelera de cine. En el futuro no parece que las cosas vayan a cambiar demasiado para este australiano, sobre todo por la gran notoriedad que alcanzan -por la razón que sea- los filmes en los que participa. Si, por el contrario, hace más o menos un año poco o nada sabíamos de Worthington, han bastado un par de blockbusters -y vaya par- de temporada milimétricamente calculados para situarlo en el punto de mira de las nuevas superproducciones. Terminator Salvation fue el taquillazo que le dio a conocer al gran público el pasado verano, en el que le daba la réplica a Christian Bale en la entrega más apocalíptica de una franquicia que cotizaba a la baja, pero que el director McG supo rescatar con brío. Precisamente fue el director de las dos primeras cintas de la saga, James Cameron, el que recomendó su nombre a McG, influenciado seguro por la buena experiencia tras el rodaje de Avatar, la cinta que ahora se estrena en todo el mundo dispuesta a poner patas arribas todo lo que sabemos hasta la fecha sobre el séptimo arte, técnica del 3D mediante. Para saber si esta historia de ciencia ficción sobre extraterrestres azules de ojos enormes con trasfondo ecológico cumple o no las expectativas que promete, habrá que pasarse por los cines. De Cameron uno ya se espera cualquier cosa después de doce años de ausencia...