Tiene todos los ingredientes que han hecho grande a Broadway: crímenes pasionales, escándalos mediáticos, altas dosis de frivolidad, una mítica banda sonora y sofisticados números musicales. Después de pasar por medio mundo, este emblemático montaje del teatro musical recala en la gran vía con Natalia Millán, Manuel Bandera y Marcela Paoli como cabezas de cartel. Todo está listo para viajar a esos frenéticos años 20 en los que las balas se esquivaban a ritmo de jazz.
Texto: Pablo Giraldo
Una historia real
¿Quién dijo que el asesinato no era un arte? Para el showbiz siempre ha sido una mina de oro. Inspirado en hechos reales -una serie de artículos amarillistas publicados por el Chicago Tribune a mediados de los años 20-, Chicago es una parodia musical sobre cómo la ambición por la fama y el poder mediático pueden corromper a la opinión pública. Cuenta la historia de Roxie (Marcela Paoli), una bailarina que asesina a su amante y esquiva la condena engañando a jueces, público y a su rival Velma (Natalia Millán), gracias a las artimañas de Billy (Manuel Bandera), un cínico abogado experto en juicios sensacionalistas. Un perfecto combinado de ambición, decadencia, corrupción -y, por supuesto, todo ese famoso jazz- que evidenciaba lo absurdo de algunos procesos judiciales y ridiculizaba a los medios de comunicación. "Los juicios mediáticos y la manera en que se manejaba a los implicados nos pillan muy de cerca. Hay tantos casos influenciados por la prensa que cuesta muchísimo tomárselos en serio. Y no hablemos de la corrupción...", dice Manuel Bandera, que da vida aquí al tendencioso letrado Billy Flynn. "Muchas de las cosas que se cuentan en tono de parodia encajarían perfectamente en nuestros días. Aquí, más que nunca, el teatro funciona como un espejo deformante de la realidad con el que reírnos y aceptarnos más fácilmente", dice Natalia Millán, toda una experta del género musical, que interpreta a Velma, la bailarina rival de la protagonista a la que da vida Marcela Paoli -que viene de representar el mismo papel en el montaje argentino-. "Me parece el mejor musical de la historia. Cuando me enteré de que había audiciones en España me compré un billete y me planté aquí", comenta.
La culpa es
de Fosse
(y Marshall)
La responsabilidad de que Chicago se convirtiera en todo un éxito corre a cuenta de Bob Fosse, que en los años 70 adaptó el libreto al género musical bajo la partitura de John Kander. Completó el fenómeno dirigiendo además All That Jazz, película que relataba los entresijos de la función y responsable de que Natalia Millán se dedique ahora al mundo del espectáculo. "Lo decidí después de verla. Me encantaba cómo relataba el trasunto de Chicago, la vida de Fosse durante la creación y todos los ensayos del montaje original, así que esto solo puede ser un guiño del destino. Al mismo tiempo siento una responsabilidad muy grande y una ilusión enorme", dice. Años más tarde, sería el director Rob Marshall el que rescataría esa pasión para la gran pantalla y la diera a conocer a las nuevas generaciones. "Es una visión particular y genial, pero distinta a esto", dice Marcela. "Me encantó la película, pero el musical tiene la fuerza del directo, el público va a ver los números en vivo y eso para mí tiene una motivación especial", apunta Manuel.
¿Otro Cabaret?
Echando un vistazo a su elenco, parece que sus responsables han querido jugar sobre seguro. Natalia Millán y Manuel Bandera venían de hacer juntos Cabaret, el musical que marcó todo un precedente en el género. Su reencuentro en Chicago supone una garantía para repetir el mismo éxito. "La confianza entre nosotros al menos ya la tenemos, pero cada vez que te enfrentas a un proyecto nuevo partes de cero. Este es un oficio en el que empezar algo siempre supone un salto sin red al vacío", dice Natalia Millán. "La química con Natalia está, es una gran compañera y una actriz maravillosa. Aquella experiencia salió muy bien y esperamos que se repita ese buen rollo con Chicago. Ambos son dos musicales impecables y están muy bien armados. Estoy seguro de que a la gente le va a encantar", opina Bandera. "Yo ya me conozco el espectáculo al dedillo", confiesa Marcela. "Mi vida cambió el día en que me dieron el papel de Roxie".
Esencia
anglosajona
"Tengo mucha confianza en el equipo que ha venido de Estados Unidos y Reino Unido. El director musical Gareth Valentine, los directores Scott Faris y Nigel West y el coreógrafo Gary Chryst conforman un grupo maravilloso. Lo mismo que mis compañeros de reparto y el cuerpo de bailarines, están todos a un altísimo nivel". Natalia Millán se deshace en elogios hacia la compañía, que ha importado a cuatro profesionales de excepción para que el montaje español no perdiera ni un ápice de su autenticidad. "Es fantástico contar aquí con Gary Chryst, porque fue bailarín de Bob Fosse y ha participado en la mayoría de sus montajes", afirma Marcela. "Ensayar con él es asistir a una master class. Cada vez que habla hay que callarse la boca porque es él quien ha recibido las instrucciones directas de Fosse", comenta entre risas.
Esto también
es Broadway
Para los que crean que la Gran Vía es una liga aparte a un nivel distinto del de las grandes capitales del espectáculo, Manuel Bandera aclara: "No llegué a ver el original, pero me consta que se han seguido exactamente los mismos pasos que en los de Broadway o Londres". "Somos totalmente respetuosos con el original, aunque no es un calco, siempre se adapta a la personalidad de cada elenco", dice Natalia Millán, que sí vio el montaje original en Nueva York. "Al final se trata de seguir tu intuición, a veces necesitas documentarte más y otras menos. Yo en este caso he preferido empaparme bien. He visto y escuchado todo lo que he podido sobre Chicago porque me parece que de alguna forma me enriquece, me ayuda a introducirme en el ambiente de esa sociedad de los años 20", dice. "Pues en mi caso los directores están encantados de que no haya visto nada, así pueden trabajar conmigo sin ninguna influencia", matiza Manuel.
Odiosas
comparaciones
El fenómeno Chicago suma varias películas -la primera data de 1927-, múltiples adaptaciones en el teatro musical -la definitiva dio el pelotazo en 1996, diez años más tarde de la muerte de Bob Fosse- y más de diecisiete millones de espectadores. Con tal historial, las comparaciones con el montaje madrileño van a resultar inevitables. "No asustan, al contrario, son una motivación. Imponen respeto y otorgan mucha más responsabilidad", afirma Manuel Bandera, al igual que Natalia Millán. "Es un estímulo más aparte de todos los que hay. Te ponen el listón tan alto que tienes que aplicarte aún más si cabe, pero estamos todos tan entregados que pondremos alma, corazón y vida". "¿Con estos compañeros? No, las comparaciones no me asustan", sentencia Marcela.
El problema de las traducciones
Acostumbrados a escuchar los temas en su versión original, no siempre llueve a gusto de todos cuando toca adaptar al castellano las letras de musicales tan célebres como este. "Se ha hecho lo mejor que se ha podido para que la gente se entere de la historia en castellano. El problema está en las canciones, no en el texto hablado. Te tienes que ceñir a un ritmo y a una métrica muy difíciles; el problema con el inglés es que utiliza muchas palabras de una o dos sílabas, mientras que nosotros las alargamos más", apunta Manuel. Así, un tema tan emblemático como All That Jazz pasa a llamarse en español Al son del jazz, para intentar conservar una métrica y traducción fidedignas. "La partitura es tan impresionante que eso importa menos", dice Natalia, consciente de que resultará imposible conciliar todas las opiniones al respecto.
EL MUSICAL CHICAGO SE REPRESENTA EN EL TEATRO COLISEUM (GRAN VÍA, 78) DE MADRID.

ROXIE HART
Marcela Paoli conoce muy bien a Roxie Hart, un ama de casa que acaba en prisión por un crimen pasional, pero que se zafa de la sentencia mediante sucias estrategias. En 2001 consiguió el papel en el montaje argentino de Chicago y ahora hace lo propio en la Gran Vía madrileña. Atrás quedan otras actrices como Melanie Griffith y Brooke Shields -en Broadway- o Ginger Rogers y Renée Zellweger -en cine-, que también dieron vida a esta rubia platino.
VELMA KELLY
Después de la prueba de fuego que supuso Cabaret, Natalia Millán ya debería estar acostumbrada a las comparaciones de este tipo. A ella le toca defender el papel de Velma Kelly, una cantante de cabaret desplazada de los escenarios antes de lo que tenía previsto y que va a dar con sus huesos a la misma cárcel que Roxie Hart. Como duras predecesoras tiene a Chita Rivera, que interpretaba a Velma en el montaje original de 1975, y a Catherine Zeta-Jones, personaje que le hizo ganar el Oscar a la mejor actriz secundaria en 2002.
no se debe comparar, aunque sea inevitable. tendremos que ir a verla para opinar, pero pinta fabulosa!