Cuesta distinguir la marca de su creador. Puede que muchos no sepan el nombre completo del diseñador galo que lleva más de una década reinventando objetos y espacios como Ora-Ïto, pero son cada vez más quienes disfrutan de las creaciones de Ito Morabito. Él, de momento, brinda con una cerveza por su inmejorable estatus.
Entrevista Agustín Gómez Cascales
Foto Miguel Ángel Fernández
No es tan habitual que te citen en un hotel de lujo como el madrileño Santo Mauro para entrevistar a un diseñador que visita la capital española para dar a conocer su último diseño.
Estamos acostumbrados a formar parte de planes de promoción de cantantes, actores o directores de cine que presentan sus nuevos trabajos, pero ver a un diseñador recibir los honores propios de una celebrity del entretenimiento todavía puede chocar.
El cerebro tras Ora-ïto, que incluso responde a tal nombre si se le llama por él, ha llegado a Madrid con el aura propia de una rock star.
De hecho, Ito Morabito, de 32 años, podría pasar por una. Simpático a la vez que algo altivo, le consta que sus diseños son, de manera consciente o inconsciente, consumidos por millones de personas en todo el mundo, y se muestra orgulloso por ese hecho.
“Es guay viajar y promocionar tus creaciones. Trabajo duro en ellas y me interesa que la gente comprenda cuáles son mis intenciones tras cada proyecto. Mi nombre –digamos– artístico se confunde con el real, y me gusta que sea así. Por eso debo ser yo quien explique mi filosofía creativa”. Impresiona la cantidad de marcas con las que ha colaborado en los últimos años: Adidas, Levi’s, Cartier, Christofle, Ogo, Swatch, Habitat, Gucci, LG, Cappellini... y Heineken. Y es que acaba de recrear la muy galardonada botella de aluminio que creó para la cerveza en 2002, dejando de nuevo en ella su marca.
“Lo más complicado es lograr que tu estilo evolucione sin perder su esencia. Y a mí me gusta conseguirlo a través de mis colaboraciones con distintas firmas. No es lo mismo diseñar algo para tu propio disfrute que hacerlo pensando en que vas a crearle a otra mucha gente la necesidad de utilizarlo”.
Asegura Ito Morabito que rechaza muchísimas propuestas de las que recibe, por jugosas que sean a nivel económico. Solamente está dispuesto a involucrarse en proyectos que vayan a permitir a la marca evolucionar o en productos que le permitan a él sorprender con un diseño realmente novedoso, que incluso aporte cierta innovación a nuestra vida.
Su vida cambió cuando, con veintipocos años, sus manipulaciones/versiones piratas de productos de firmas de gran lujo se convirtieron en auténticos fenómenos, y llamaron la atención de firmas que, en buena lógica, deberían haber montado en cólera al ver sus creaciones no autorizadas... “Desde entonces ha ido todo muy rápido”, cuenta orgulloso. “Es maravilloso vivir de tus ideas, y yo encontré el trabajo de mis sueños”.
Asegura además que el suyo es un trabajo mucho más variado de lo que podamos imaginar. “Cada creación significa una nueva aventura, experiencias inéditas, la oportunidad de conocer gente... Porque a mí me gusta que los diseños surjan de un trabajo de colaboración con las marcas que me contratan. Y para asegurarme de que cada trabajo tenga sentido escojo solo marcas que tengan una legitimidad y una historia, para que puedan transmitirme la información sobre un producto concreto que probablemente yo no tenga”.
Ahora, por ejemplo, sabe más de cerveza que antes –aunque no la consuma–. Y también conoce mejor, por ejemplo, el mundo de los sets de maquillaje, tras ocuparse de todo el packaging de la primera colección de maquillaje de Fred Farrugia, durante años director artístico de Lancôme. Y tras sumergirse en el universo de un perfume como Ydylle, la clásica nueva fragancia femenina de Guerlain, anda ahora mismo completamente metido en el mundo de Pucci, trabajando en un proyecto –aún secreto– para la legendaria firma. Aunque asegura que no le tira únicamente el universo del gran lujo ni las firmas centenarias. Por eso tampoco hace ascos en ocasiones a colaboraciones con un sello electrónico como Soma o con una banda como Air, con quienes colaboró en su segundo disco como director artístico.
“Siempre necesito una motivación que alimente mi creatividad, y esa se encuentra en campos y empresas muy distintas entre sí. Lo bello por sí mismo no me interesa, siempre necesito que tras mis diseños haya cierta funcionalidad y un objetivo. Que ahora resulte chic beber en un club la cerveza cuya botella he diseñado yo me enorgullece. Me fascina comprobar los efectos que el diseño de objetos hermosos puede tener en nuestra sociedad”.
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