De VENTURA PONS
Con MARÍA MOLINS, ROGER COMA, FERNANDO GUILLÉN, ALBERT PÉREZ, ANNA AZCONA
ESPAÑA, 2009.
El impacto comercial de Ágora ha obligado a retrasar unas semanas el estreno de la nueva cinta de Ventura Pons.
Como suele ocurrir, las películas pequeñas no lo tienen fácil para abrirse su hueco ante el paso firme de las supreproducciones.
Aunque, por una vez, es una cinta española la que hace ‘sufrir’ a otra. Y frente a la espectacularidad de la nueva cinta de Amenábar, Pons ofrece una película en la que priman los sentimientos de sus personajes. Las dos tienen en común la voluntad de sus directores por adentrarse en el alma femenina, en el interior de sus complejas protagonistas. A partir de ahí se acaban los posibles paralelismos.
Ventura Pons estrena A la deriva tras recibir el Premio de Honor del festival LesGaiCineMad. Puede presumir de ser de los pocos directores que estrenan regularmente sus películas, una por año.
Tras la teatralizante y algo rígida Forasteros (con una Anna Lizarán para el recuerdo), Pons cambia radicalmente de estilo e historia. Como tantas otras veces en su filmografía, se vuelca en un personaje femenino, complicado y repleto de matices, al que no intenta justificar, sino seguir en su camino. Anna (una esforzada María Molins) acaba de llegar, decepcionada y cansada, de África, donde colaboraba con una ONG.
Y decide romper con su acomodada vida en Barcelona. Consigue trabajo como guardia de seguridad nocturna en una clínica de lujo e intenta buscar un nuevo camino. Apoyada por Carducci (Albert Pérez), enfermero gay con el que comparte las guardias y muchos secretos, y desconcertada por Giró (Roger Coma), un enfermo con el que comparte sexo y poco más, Anna intenta reconciliarse con el mundo que le rodea y consigo misma.
Ventura Pons utiliza una cámara nerviosa y un estilo descuidado, en una película por momentos incómoda y siempre al límite que demuestra la inquietud de su creador por no acomodarse.
Estreno 6 de noviembre