Cuatro décadas de radiofórmula dan para mucho. La mítica emisora Los 40 principales pega el salto al teatro para inspirar 40 El Musical, un espectáculo con más de cien de sus números uno como protagonistas, cuyo libreto firma el cineasta Daniel Sánchez Arévalo, estandarte de esa generación pop que ha hecho de la radiofórmula la banda sonora de su vida.
Entrevista Pablo Giraldo
Foto Miguel A. Fernández
A ver, hagamos cálculos. Desde 1966 son cuarenta y tres años de vida como emisora, a número uno por semana, con una media de cincuenta y dos semanas por año, hacen un total de... 2.236 números uno. Ahí es nada. Con ese saldo a ver quién es el valiente que se atreve a escuchar todos y cada uno de estos hits y esperar a que le venga la inspiración en formato musical.
“Menudo marrón”, pensó el elegido, Daniel Sánchez Arévalo, cuando asumió el proyecto de condensar cuatro décadas de radiofórmula en este espectáculo, aun cuando el cineasta ya sabía lo que era enfrentarse a un libreto tras la experiencia de Enamorados anónimos. “Al principio me sentí abrumado. ¿Un musical sobre Los 40? ¡Si para mí es como la Coca-Cola! Es algo que está presente en tu vida sí o sí. El hecho de enfrentarme al proyecto suponía una responsabilidad tremenda, a ver qué coño podía hacer yo para representar ese universo con más de dos mil números uno”.
Al principio, la gran duda de Sánchez Arévalo era si hacer un musical sobre la gente que hace posible Los 40 o sobre los oyentes a los que va dirigida la emisora. “Tenía que ser para los oyentes, no podía hacer un musical sobre la radio a secas”.
Gran responsabilidad entonces la de crear de la nada un guión con entidad propia en el que los números uno fueran el leitmotiv, pero en el que no se descuidara una trama que reuniera la filosofía de la cadena. “Incido mucho en el guión porque un musical no es solo un concepto, también es una historia.
Decidí dejar de lado las canciones y pensar en historias que pudieran llegar al público, que reflejaran el universo 40 y con las que nos sintiéramos identificados. Me sacudí la presión cuando al escuchar los temas me di cuenta de que con tanto material podía contar casi cualquier historia”.
Esa historia cualquiera es en realidad la de un grupo de jóvenes en pleno proceso de madurez, en esa difícil etapa que sigue a la adolescencia pero que aún dista un trecho de la edad adulta. Ahí, en esa tierra de nadie en la que Sánchez Arévalo se desenvuelve con maestría y que ha convertido en seña de identidad de su universo cinematográfico (AzulOscuroCasiNegro y Gordos), se encuadra la historia de Joaquín –personaje bautizado así como guiño al desaparecido Joaquín Luqui–, interpretado por Adrián Lastra (Colate en Hoy no me puedo levantar), su hermano Mateo (Pablo Puyol) y sus amigos.
Un grupo de veinteañeros que se enfrenta a las vicisitudes de la vida adulta y que decide poner en marcha un radioblog en el que volcar sus inquietudes, miedos y crisis –también de identidad sexual–, pero que termina por sembrar aún más incertidumbre e inseguridad entre sus miembros. En definitiva, una dramedia de esas cotidianas que tanto le gustan a Sánchez Arévalo.
“Son veinteañeros en un momento de su vida en el que ya no todo vale, les toca elegir un camino y asumir responsabilidades. A partir de esa premisa, comencé a hacer interactuar música y texto; iba escribiendo a la par que escuchando las canciones más míticas que quería que estuvieran, y de ese modo me sugerían unas cosas u otras. En el teatro musical hay otros códigos, pero yo he escrito un guión muy cinematográfico. Al final hemos conseguido una historia en la que no paran de suceder cosas”.
Terminado el borrador, su autor –que arrastra fama de obsesionarse con sus textos y repasarlos hasta la extenuación con sus allegados– no dudó en consultarlo con uno de sus mejores amigos. “Le pedí opinión del guión a Raúl Arévalo y me dijo que esta historia era como muy mía, pero en versión accesible”, comenta entre risas. Y ese era el objetivo, “llegar a todo el mundo, ser número uno allá donde vaya”, dice, y no centrarse en un público adolescente, principal consumidor de la radiofórmula. “El target está más bien entre los veinticinco y los cuarenta años, porque el repertorio está enfocado a mi generación, pero con historias con las que resulta muy fácil sentirse identificado si eres adolescente”.
El reto era incorporar cuanto menos texto mejor, para que fueran los temas los que hicieran avanzar la trama. “Menudo refrito”, pensarán algunos. “Sí, también incorporamos varios medleys tipo Moulin Rouge!, algunos de fondo, como pequeñas pinceladas”, dice el cineasta. Otros tendrán reticencias a enfrentarse a un musical que se sostiene gracias a la radiofórmula, concepto del que algunos huyen como de la peste, pero que Sánchez Arévalo defiende.
“No se basa en la radiofórmula; los temas que suenan son aquellos con los que todos nos identificamos de alguna manera porque han conseguido abarcarlo todo y que alguna vez hemos tarareado. Además, en el fondo hay una historia, que esto no es un concierto, es una montaña rusa de emociones”, dice el responsable del libreto, que se confiesa fan acérrimo de musicales como Rent, Los miserables o El fantasma de la Ópera. “Es que me encantaría rodar un musical algún día”, dice, “pero con repertorio original”.
TEMAZOS IMPRESCINDIBLES
Mucho ha llovido entre aquel mítico Monday, Monday de The Mamas & The Papas –que se erigió primer número uno de Los 40 en el 66–, hasta uno de los más recientes, Tenía tanto que darte, esa perla pop de Nena Daconte que también suena sobre el escenario del Teatro Rialto Movistar de la Gran Vía madrileña.
Entre medias, todo un recorrido musical bajo las órdenes de Miquel Fernández –y en el que también colabora Secun de la Rosa como director de actores– en el que se escuchan auténticos musts que no debían caerse del montaje final bajo ningún concepto. “En ese sentido, la gente de Los 40 no me impuso ningún tema, aunque hay algunos fundamentales que permanecen en el imaginario colectivo que no podían faltar.
Bienvenidos de Miguel Ríos fue el primer tema que se me antojó imprescindible, como el Salta de Tequila, por su espíritu vital”. En la otra cara de la moneda, la imposibilidad de hacerse con determinados derechos de autor tumbó las aspiraciones de incluir temazos indiscutibles, la mayoría auténticos clásicos anglosajones.
“Casi prefiero no decir de qué temas nos denegaron los derechos...”, dice Sánchez Arévalo con cierto resquemor por las canciones que se han ido quedando en el camino tras largas negociaciones. No obstante, gran parte de los autores –predominantemente hispanos– quería colaborar y se mostraba afín con la idea del musical.
“La mayoría de los temas son de las últimas dos décadas y en castellano, pero los cuarenta años quedan bien representados también con canciones anglosajonas en su versión original”. Grupos como Duncan Dhu o Los Secretos, artistas como Julieta Venegas, Miguel Bosé, Shakira, Sabina, Calamaro o temas como Corazón partío de Alejandro Sanz, Dulce locura de La oreja de Van Gogh, Besos de El canto del loco junto a oldies como América, América de Nino Bravo, Juntos de Paloma San Basilio o Perdóname de Camilo Sesto se escuchan en el espectáculo.
Canciones que rescatarán, inevitablemente, momentos muy puntuales de la vida de los oyentes, con una carga emocional implícita que puede resultar contraproducente a la hora de elaborar el guión. “Eso está muy bien, la música es una disciplina que te acompaña allá donde estés, vinculada siempre a las emociones y el estado de ánimo. Yo espero que se sientan identificados con la selección de temas, el momento en el que suenan y el significado que tienen”, dice.
Esto acaba de empezar, pero para cuando madure el musical sus responsables prometen sorpresas. Habrá que seguir la pista a un espectáculo tan susceptible de contar con colaboraciones en directo de los artistas originales...
n40 EL MUSICAL SE REPRESENTA EN EL TEATRO RIALTO MOVISTAR (GRAN VÍA, 54) DE MADRID.
