En la nada desdeñable comedia Una casa de locos –en el original L’auberge espagnole–, Romain Duris interpretaba a un joven estudiante francés que viajaba a Barcelona para aprender español y culminar sus estudios de Económicas gracias al programa de becas Erasmus, aunque, una vez en su destino, menos estudiar hacía de todo.
Encumbrada en una suerte de manifiesto generacional, la cinta se convirtió en película de culto de las hordas de estudiantes Erasmus que se sucederían después y que solicitaban la beca influenciados por esa atmósfera de aventuras y desamores multiétnicos que desprendía la que sigue siendo la película que mejor ha sabido retratar el mundo de estos becarios europeos, ayudando, a su pesar, a mitificarlo en exceso.
Desde entonces, la carrera de Duris camina de la mano de la de Cédric Klapisch, que volvió a contar con él en Las muñecas rusas, la secuela en la que muy acertadamente –y sin perder el toque romántico– se mostraba el paso a la madurez de cada uno de los personajes de la primera cinta, enfrentados ahora a las vicisitudes de la vida adulta.
Entre estas dos películas y París, la tercera colaboración de ambos que ahora se estrena en nuestras pantallas, nos quedan títulos como la sugerente De latir mi corazón se ha parado, sus trabajos con Tony Gatlif –El extranjero loco y Exils– o Dans Paris, que lo convirtieron en el sex symbol de extraño atractivo que es hoy día en el país vecino.
En la cinta que ahora nos ocupa –y que protagoniza junto a Juliette Binoche–, Duris interpreta a un parisino que comienza a ver las cosas de otra manera cuando sabe que padece una enfermedad terminal.
Un romántico paseo por las calles de París mientras aguardamos el estreno de Persécution, junto a Charlotte Gainsbourg.