La mezzosoprano italiana Cecilia Bartoli recupera en Sacrificium, su nuevo álbum-libro, toda la potencia vocal y la historia dramática que se esconde tras los célebres castrati del Ottocento. Texto: PABLO GIRALDO Fotos: Uli Weber
Para el encorsetado mundo de la música lírica, Cecilia Bartoli es toda una rara avis. Sabiendo que goza del prestigio de una prima donna, renuncia a toda idea elitista que pueda rodear su estatus y rechaza la supuesta exclusividad de la música que practica.
“No existen barreras musicales, la música es emoción”, dice.
Su empeño siempre ha sido dotar de mayor accesibilidad el mundo de la música clásica, acercarlo –sin banalizarlo– a un público mayoritario y contribuir a la investigación y posterior difusión de los aspectos más olvidados de la lírica.
Si no fuera por las indagaciones de la Bartoli, probablemente ahora no se estaría hablando de los castrati, aquellos prepúberes del siglo XVIII que, en pro de la lírica y bajo el lema Evviva il coltellino! (¡viva el cuchillito!), eran convertidos en eunucos para que su voz infantil no se desvirtuara por el proceso de crecimiento.
Famosos compositores de la época se dedicaban casi en exclusiva a componer partituras para estos jóvenes a los que se les impedía crecer y cuyas particulares voces alcanzaban unos registros nunca oídos hasta el momento. Como ya hiciera anteriormente con el proyecto Opera Proibita –en el que interpretaba arias que durante años les fueron prohibidas a las mujeres–, en Sacrificium Cecilia Bartoli rescata del olvido las luces y sombras de los castrati y presta su voz a las diferentes piezas que hicieron célebres a artistas como Farinelli o Caffarelli, los castrados más célebres, encumbrados como auténticas pop stars del Ottocento.
El libro-álbum Sacrificium –grabado en el Centro Cultural Miguel Delibes de la ciudad de Valladolid– incluye once primeras grabaciones mundiales, y algunas son las arias más populares de la época. Un disco que recoge piezas virtuosas y expresivas escritas para los castrati y que para una mujer suponen todo un desafío.
“Son piezas pensadas para los mejores cantantes, aquellos que tenían una capacidad técnica y expresiva increíbles y que para una mujer, por cuestiones meramente físicas, resultan más complicadas”, apunta la intérprete.
Pero como es habitual, un nuevo disco de la Bartoli no se puede regir por los preceptos convencionales de las casas de discos. En un valiente y arriesgado movimiento, la mezzosoprano italiana ha lanzado una edición limitada Deluxe con un libro de tapa dura con más de cien páginas explicativas sobre la historia de los castrati, el proceso de mutilación y un diccionario con todo lo referente a estos intérpretes y a su época, junto al Cd y un bonus track.
Por trabajos como este, la cantante se ha ganado el merecido sobrenombre de la Sherlock Homes de la música clásica, algo que confirma cuando se le pregunta por el proceso de documentación e indagación que lleva a cabo con cada una de sus propuestas.
“Yo llego con mi sombrero a la biblioteca, rebusco, pregunto, me mandan los microfilmes a casa, los estudio... Trabajo con un grupo de musicólogos, historiadores, etcétera”, dice entre risas.
“Si yo me intereso hasta cierto nivel, pienso que quizá a mi público también le pase lo mismo. Para poder apreciar esta música había que contar la historia que se esconde detrás y que muchos desconocen. Cuanto más sabes, más profundizas en ese mundo, y todo lo que fui encontrando merecía la pena incluirlo en el producto final para ayudar a su comprensión. Al fin y al cabo, es la música la que debe conmover, pero toda documentación siempre ayuda”.
Si se le permite, es capaz de disertar sobre la historia de los castrati durante horas, enganchando a su interlocutor con una efusividad y entusiasmo inusitados que dejan entrever un carácter afable y cercano, motivo por el cual se ha ganado el respeto de la crítica y el aplauso de un público que crece cada vez más.
LOS NUEVOS FARINELLI
La explotación corporal al servicio de las tendencias, la moda, el erotismo o el negocio lucrativo arrastran hasta nuestros días nuevas formas de castración, por eso Cecilia Bartoli cree que, a pesar de haber transcurrido trescientos años, aún no hemos aprendido del sacrificio de los castrati.
“Seguimos igual, afortunadamente no con los niños, pero los adultos que siguen la moda de la cirugía estética exagerada, los dictados de la belleza, la dictadura de los modelos, etcétera, repiten los mismos esquemas. Es una invasión, no hace falta irse muy lejos para comprobarlo: Michael Jackson es el ejemplo perfecto del Farinelli de nuestros días”, dice.
Para bien o para el mal, el legado que nos queda es su música, y este Sacrificium ha valido la pena.