Es la política conocida como "Don't Ask, Don't Tell" (No preguntes, no lo digas), puesta en marcha hace 16 años durante el mandato del presidente Bill Clinton.
Clinton intentó poner las cosas más fáciles a gays y lesbianas y lo único que consiguió fue que el Congreso aprobara una ley que a día de hoy, cada vez más personas, quieren ver derogada. Al tratarse de una ley, el presidente de turno no puede simplemente anularla sino que para hacerlo, tiene que volver a pasar por el Congreso.
En los últimos días la polémica se ha visto avivada tras la publicación de un artículo en una revista de las Fuerzas Armdas de Estados Unidos, en el que su autor, el coronel Om Prakash, afirma que la ley es un error muy costoso y en el que anima a la Administración Obama a que examine cómo acabar con esa política.
En el artículo publicado en el Joint Force Quaterly, Prakash pone como ejemplo lo ocurrido en países como Gran Bretaña, Canadá o Israel cuando se permitió a gays y lesbianas servir abiertamente en las fuerzas armadas.
En esos países los miembros heterosexuales de las fuerzas armadas no se marcharon en masa ni los homosexuales salieron del armario de manera masiva como algunos se atrevieron a predecir pero, sobre todo, no tuvo ningún efecto negativo en el desarrollo de las funciones de los miembros del ejército.
Pero a pesar de las peticiones para que se cambie la ley, el presidente Barack Obama parece no tener prisa y ello a pesar de que desde 1993, se ha expulsado a unas 12.500 personas de las Fuerzas Armadas.