Cambia radicalmente de género una vez más aunque, como en Mar adentro, se inspira en un personaje real para hablar de aquello que le interesa. Amenábar apuesta esta vez por el cine histórico y arriesga, porque además de entretener pretende hacerte reflexionar.
Entrevista Agustín Gómez Cascales
Foto Miguel A. Fernández
Agradecimientos Hotel ME Madrid
Cuenta Alejandro Amenábar que disfruta la primera fase de la promoción de sus películas porque le permite aclarar sus ideas, para transmitírselas a los periodistas. El problema es que él dedica más de un año a presentar sus películas por todo el mundo, y acaba agotado de "contar siempre la misma cantinela". Es lo que tiene ser un director de éxito internacional, por otro lado. Hay que asumir las reglas del juego, algo que Amenábar hizo hace mucho. Sabe perfectamente acomodar sus inquietudes a las necesidades del público actual... y masivo. Además, en sus últimas cintas ha introducido temas que provocan un debate social que acaba por ser un elemento más con el que promocionar sus películas. Después de tratar la eutanasia en Mar adentro, Amenábar se atreve con la intolerancia de carácter religioso en Ágora, en donde también plasma su pasión por la astronomía.
SHANGAY EXPRESS: Ágora supone una nueva vuelta de tuerca a tu carrera. ¿Es algo que te propones de modo consciente?
ALEJANDRO AMENÁBAR: Sí. Cambiar de género constantemente es la mejor manera de olvidarte de lo anterior, huir de ti mismo e irte de vacaciones a otro lugar. Ahora me apetecía una película histórica, y plantearme ese reto me parecía muy estimulante.
S.E: ¿Ha sido el presupuesto tu mayor preocupación?
A.A: Sin duda, toda la presión venía por él. Porque yo quería que se viera Alejandría en la pantalla, y eso tiene un coste, así que había que conseguir bastante dinero... Y ajustarse al presupuesto que terminamos teniendo implicó un ejercicio de pragmatismo, para quedarse con lo realmente necesario, que a mí me resultó muy sano. Tengo la conciencia tranquila, creo que todo el dinero que nos hemos gastado se ve en la pantalla.
S.E: ¿Era tu intención dirigir una película de entretenimiento puro y duro, dar una lección histórica o invitar a la reflexión?
A.A: En mis películas necesito que haya un ‘qué' que contar. Y en ese sentido Ágora es temeraria, porque he elegido mi película más cara para llenarla de ‘qués'. Aquí está mi visión de nuestra civilización, de lo que le lleva pasando a este planeta desde hace unos cuantos siglos... El formato vino después, porque el decidir contar la historia de Hipatia, que vivió en el Egipto romano en el siglo IV, fue por lo que terminé rodando un peplum.
S.E: ¿En qué se ha diferenciado el trabajo con Rachel Weisz del que realizaste con otra gran estrella internacional, Nicole Kidman?
A.A: Las dos trabajan de un modo parecido: son intuitivas y apasionadas, necesitan creerse lo que están haciendo y no les gusta que las traten como a marionetas y les marques absolutamente todo. Hay algo que sí las diferencia: Nicole es de esas actrices que se meten de cabeza en su personaje y no abandonan en todo el día el estado de ánimo de la secuencia que se rueda; Rachel no, ella desconecta con facilidad. Podía estar llorando y era cortar la toma, pedía un kleenex y ya estaba preparada para la siguiente.
S.E: La protagonista es una mujer extrañamente asexuada.
A.A: Es el aspecto que más le costó trabajar a Rachel [Weisz]. Hipatia era una especie de monja, y lesbiana, pero ante todo, devota de la ciencia. Una historia de amor me habría venido bien de cara al marketing de la película, pero indagando en su vida vimos que nunca la hubo.
S.E: En tu cine, el sexo sigue sin estar muy presente...
A.A: No me divierte ni me llama la atención el sexo en las películas [risas]. Hombre, hay un tipo de cine con sexo que todos vemos... pero lo que es el cine erótico no me interesa nada. Y tampoco me planteé jugar con el componente homoerótico que se suele encontrar en muchos peplums. Aunque tuve que pedirle a Max Minghella que hiciese pesas antes del rodaje para tener algo de cuerpo que poder mostrar, porque era un palillo...
S.E: ¿Te planteas algún día contar una historia explícitamente homosexual?
A.A: En principio no. Por eso me ha gustado entre otras cosas lo último de Ang Lee [Destino: Woodstock]. Es de las primeras películas que veo en donde no se da relevancia a la homosexualidad del protagonista: da la casualidad de que es gay, y ya está. No entiendo que cuando se muestra la homosexualidad en una película todavía se le dé un tratamiento especial o haya que justificarla, cuando lo que debemos hacer es tender hacia la normalidad.
LA PELÍCULA ÁGORA SE ESTRENA EL 9 DE OCTUBRE EN CINES DE TODA ESPAÑA.