Estoy un poquito apenada esta quincena, y tengo mis motivos para no estar tan superfeliz como Belén Esteban después de pegarse un atracón de palitos de merluza un domingo por la noche. Me tengo que hacer a la idea de que algunos de mis ídolos y referentes han pasado a mejor vida, y eso nunca es fácil de asimilar.
Como te podrás imaginar, Una estrella en mi jardín ha sido desde que se publicó una de las canciones de mi vida. De hecho, una de las pocas veces que servidora pudo ganarse el pan como estrella del playback fue interpretando ese y otros temas de la sin par Mari Trini. ¡Era cantar Yo no soy esa y me llovían los billetes en el escenario! (de los que me tiraban cubitos prefiero no acordarme).
Que se nos haya ido con la misma discreción con que vivió dice mucho de ella, en un momento en el que hay hasta quien vende la foto de una Rihanna apaleada para provocar una reacción en el público, y que hasta quien ya no puede más con Umbrella se compadezca de ella. Mari Trini, desde luego, nunca fue de esas.
Y nunca habría querido dar pena como Nuria Bermúdez, ejerciendo de “madre coraje” ahora para ver si así alguien le acaba teniendo algún respeto...
Está claro que el mundo de las celebrities de ahora ya no estaba hecho para Mari Trini, así que mira, eso que se ahorra. Y también me parece que otro que no se acaba de amoldar a las necesidades del entertainment actual es Eminem, que a mí me gustaba incluso cuando coqueteaba de broma con la homofobia.
Nunca me llegué a creer que lo hiciera en serio, y como sacaba discos tan buenos y él estaba tan bueno, pues una, que enseguida se encandila, andaba loquita por sus huesos... y por ese culete que le gustaba tanto sacarse del chándal talla XL que siempre llevaba (¿Tendrá el miembro viril tamaño XL? Eso no he conseguido averiguarlo todavía...).
El caso es que, después de escuchar su último single y ver el correspondiente vídeo, Eminem también ha muerto para mí. ¿Cómo ha podido quedarse tan antiguo tan pronto? ¿Cómo se le ha podido evaporar la inspiración de un modo tan cruel? ¿Y qué necesidad tiene de reírse en su canción de niñatas como Jessica Simpson, que bastante tienen con sufrir su propia cruz? Nada, que el rapero se nos ha quedado desfasado y perdido. Y algo raro se ha hecho en la cara, porque ya no es ni de lejos tan mono como hace unos años.
Pues nada, me buscaré otro rapero que me excite a todos los niveles, porque a este ya le he exprimido lo suficiente... Y también tendré que pensar en buscar una estrella de porno gay que me maraville tanto como Jack Wrangler, un mito que también nos ha abandonado. Aunque a mí siempre me quedará el póster suyo que tengo en la salita de estar, en el que luce en todo su esplendor, y sus películas, que de siempre me han vuelto loquita.
¡Qué manera de actuar, qué arte para follar ante la cámara, qué forma de seducir tanto a sus compañeros de reparto como a los espectadores! Ya se podía estudiar Dinio sus películas, ya... Y qué tristona estoy yo por tanta pérdida desgraciada.