Las peleas de gatas nos gustan a tod@s. ¿Quién no ha tenido alguna vez en su vida un orgasmo viendo a Joan Collins darlo todo en Dinastía, en las legendarias peleas que protagonizaba su Alexis Carrington? ¿Quién no ha querido protagonizar una pelea de esas, al menos una vez en la vida? ¡Si hasta las niñatas de Gossip Girl las practican! Claro, que estas tiran más de lengua que de puños, que para algo llevan unos pelos divinos. La última pelea de gatas destinada a pasar a los anales del género es que la que protagonizaron María Teresa Campos y Ana Rosa Quintana en El programa de Belén Esteban (gracias a mi adorado Ángel Martín, todos estamos de acuerdo en que Belén es la que lleva los pantalones en el programa matinal en el que colabora... ¡y que rabie La Campa!). Ver a Mari Tere y a Ana Ro demostrar sin cortarse lo mucho que se odian la una a la otra me resultó catártico. Al menos, de vez en cuando, la tele nos da sorpresas que no están en guión, ¡y cómo lo agradecemos quienes no podemos evitar estar todo el día pendientes de la dichosa caja tonta! Sorpresas me da a diario Almudena, la pequeñita pero matona concursante de Gran Hermano, ¡que me pone de los nerrrrvios! ¿Cómo puede tener esa mujer tanta maldad reconcentrada? No me extraña que hayan puesto a presentar los resúmenes diarios del concurso a Jorge Javier Vázquez, otro que como se muerda un día la lengua se envenena. Miedo me da el día en que esos dos se encuentren, cara a cara, en El debate de los domingos. Claro, que por mucho que me incomoden los dos, ahí estaré yo la primera, sentada delante del sofá con mi Cosmopolitan en la mano, celebrando que ya se está trabajando en una nueva secuela de Sexo en Nueva York. Menos mal que esa copia barata de mi serie favorita titulada Mujeres de Manhattan se cancela a la segunda temporada (que aquí llegará en unos meses, imagino). Vale, yo fui fan de Brooke Shields en los tiempos de El lago azul (bueno, en realidad la película me ponía –y me sigue poniendo– por lo bueno que estaba el rubito Christopher Atkins, que hasta enseñaba la colita), pero verla intentado imitar a Sarah Jessica Parker en esa serie me provocaba arcadas cada vez que aparecía en la tele. Y no es plan de hacer como Blair Waldorf, una de las pijísimas protas de Gossip Girl –la más retorcida y guarrilla, o sea, mi favorita– y recurrir al vómito incontrolado para sentirme mejor. Ni es recomendable para guardar la línea –esa práctica afea horrores– ni lo es tampoco para superar el trago de ver a Brooke Shields en un papel que no le pega ni con cola. Si en su día no te creíste a Belén Esteban haciendo de diva disco en un carnaval (solo Rafa Amargo lo vio claro), no te vas a creer ahora a la Shields como gran ejecutiva del mundo del cine. Sin embargo, a la que me creo en todo lo que hace es a Paula Vázquez. ¿Quién me habría dicho a mí que, a estas alturas de mi vida, me haría fan suyo? De pensar que ya arranca la nueva temporada de Fama se me van los pies de alegría. ¿Bailas conmigo?