Cosas de la profesión. A pesar de ser uno de los intérpretes con más solera teatral de nuestro país, ha tenido que esperar a que Almodóvar lo relanzara a ojos del gran público. Una tarea a la que se suma Emilio Aragón al haberle ofrecido el papel de cómico gay en Pájaros de papel, su debut como cineasta.
Entrevista Pablo Giraldo
Todo actor conoce temporadas mejores y peores, pero la que mantiene ocupado a Lluís Homar desde hace años es de las primeras. A saber, es partícipe de la ya tradicional ristra de premios internacionales que suele acompañar a Almodóvar allende nuestras fronteras, protagoniza la opera prima de Emilio Aragón que se acaba de estrenar y participa en Los ojos de Julia, la próxima cinta en sumarse al renovado cine de terror nacional que tan buenos resultados da. "Estas cosas son así de caprichosas. Esta racha me vino hace ocho años, y ha sido como volver a empezar, crearme nuevas expectativas e ilusiones, conocer más gente, viajar... A mí, que hice teatro veinticinco años seguidos de una forma exhaustiva, esto me viene muy bien, pero volveré a los escenarios, propuestas no me faltan", reconoce. Y todo desde que Almodóvar recurriera a él para La mala educación primero y Los abrazos rotos después. "Trabajar con Pedro siempre es una suerte. Yo lo he hecho en dos proyectos completamente distintos y en una línea muy dramática. Siempre se comenta lo buenos que son sus personajes femeninos, pero yo creo que Pedro se luce con los masculinos. Tanto el señor Berenguer de La mala educación como el Mateo Blanco de Los abrazos rotos han sido dos regalos". Algo que no dudó en defender cuando esta última película suscitó críticas tan encontradas en nuestro país. "Desde mi humilde opinión, y sin ir en contra de nadie, creo que es una gran película, y muestras de ello ha dado. En un momento dado dije, y se me interpretó mal, que creía que Los abrazos rotos tenía que estar en la terna final de los Goya, pero no quería decir que el resto no se lo merecieran. Aun así, yo me quedo con la reconciliación de Pedro y la Academia. Cuando hay un desencuentro todos tienen que poner de su parte, y ha quedado claro que hay voluntad por ambos bandos", afirma.
Y de un director consagrado a otro ‘principiante', Emilio Aragón, con Pájaros de papel, un debut cinematográfico que tarde o temprano parecía destinado a ocurrir. "Emilio es un ser de una inteligencia y talento fantásticos. Recuerdo que el primer día que leímos el guión no dejó de abrazarnos y darnos las gracias por participar en el proyecto, y después del primer pase lo mismo. Había una emoción especial por ser su primera película, aunque lo tenía todo clarísimo, parecía que tuviera un sinfín de trabajos cinematográficos a sus espaldas. No nos pedía ningún tipo de consejo, al revés, éramos nosotros quienes recurríamos a él, porque este es un mundo que conoce muy bien". La intención del director era clara: homenajear a las compañías de variedades que, a finales de la Guerra Civil e inicio de la posguerra, deambulaban por el país en míseras condiciones para entretener al personal, sin olvidarse de las pertinentes dosis de nostalgia y mitificación que suelen acompañar a esta clase de películas. "Y está bien recordarlo así; yo también vengo del mundo del teatro y empecé sin un duro, pero con mucho entusiasmo. La pasión y el amor por lo que se hace van más allá de los inconvenientes y eso está en la película porque él lo ha vivido", dice. Entre todos los personajes que conforman esta compañía de artistas, Lluís Homar es Enrique, un ventrílocuo gay que sufre por su condición sexual, social e ideológica y que acaba por formar una peculiar familia con su mejor amigo y un niño huérfano. "Era una parte que se me hacía muy atractiva en el guión, esa relación tan bonita de familia inventada entre el personaje de Imanol Arias, Roger Príncep y yo, en la que es obvio que ahí hay algo más, porque está muy claro. Para el personaje de Imanol yo solo soy un amigo, pero para mí él es mi hombre", ríe. "Al final es un canto a la amistad en condiciones sexuales adversas, y en ese sentido este personaje es un ser entrañable", dice. "No está de más recuperar también a las personas que tenían que luchar por ser como eran en esa época ahora que se reivindica tanto la memoria histórica". Y ahí queda ese retrato del clásico homosexual próximo a la farándula más o menos explícito, con aires de dandy, pose amanerada y anillo en el dedo meñique. "Con Emilio fijamos que todo eso tenía que ser muy sutil, que fuera una manera de coger el cigarro, de mover las manos... Ese era el trabajo que me pareció apasionante, saber hasta qué punto tenía que ser evidente la feminidad de mi personaje".
LA PELÍCULA PÁJAROS DE PAPEL SE PROYECTA EN CINES DE TODA ESPAÑA.