Teatro María Guerrero - C/ Tamayo y Baus, 4
Inicio: 20/01/2012 | Cierre: 25/03/2012
Esta obra es un hueso duro de roer con el que se han enfrentado múltiples directores. Hay dos montajes dignos de mención: el de José Tamayo, en 1970, con Carlos Lemos y Agustín González, y el que hizo en el Centro Dramático Lluís Pasqual, con apenas 30 años, interpretado por José María Rodero y Carlos Lucena, y estrenado en el Odeón de París en 1984. Ahora, Luces de bohemia vuelve al CDN bajo la dirección de Lluís Homar, en una opción muy conservadora, al estar su puesta en escena tremendamente volcada en el texto. En un oscuro escenario a dos alturas, construido con estilo por Lluc Castells con pilas de miles de libros, tenebroso y muy propio del esperpento madrileño, los personajes bohemios vagan en su recorrido nocturno por librerías, bares, periódicos, cárceles, comisarias y buhardillas. Durante más de dos horas todo el mundo gira alrededor de la imagen del gran poeta imaginario Max Estrella, interpretado por un barbudo Gonzalo de Castro, al que se entiende sin dificultad y que tiene muy clara su elección actoral, aunque no siempre sea la correcta. En todo momento está acompañado por su inseparable amigo y perro guardián, Don Latino, al que da vida con alegría un espléndido Enric Benavent. El resultado es una pieza densa en contenido y continente, muy del gusto de los profesionales, pero difícil de digerir para el público general. Se consigue una obra desnuda y bestial, en la que no hay ningún lugar donde ocultarse y en la que destaca el trabajo de las actrices Nerea Moreno -como La Pisa Bien- e Isabel Ordaz, muy en su sitio como la esposa de Estrella, pero pasada de vueltas como prostituta rastrera. Resulta curioso el papel de un melindroso Rubén Darío, interpretado por Jorge Calvo, y muy loable el trabajo de Ángel Burgos como cabecilla de la modernidad literaria de la época. También hay que destacar los momentos memorables de Miguel Rellán dando vida al Marqués de Bradomín y de José Ángel Egido como Ministro de la Gobernación.
En resumen, nos encontramos ante un texto impresionante, considerado una obra cumbre del teatro español del siglo pasado, en el que se recorre un Madrid paupérrimo y en crisis, muy cercano a la situación económica actual. Por sí solo merece la pena, aunque sea tan difícil de representar; pero no creemos que esta vaya a ser una versión de las que se recuerden con el paso de los años.
Eduardo Ruiz
