Rastrear las páginas de Barsexlona, el último premio Odisea de literatura gay, es encontrarse con una ciudad sexualmente liberada, pero también descarnada, frívola y que acusa una peligrosa ausencia de escrúpulos. Así lo ve José Guerra a través de los ojos de Daniel, un aspirante a escritor que llega a la ciudad condal esperando hacerse un hueco en el panorama literario y termina desviándose por los caminos más libidinosos.
Entrevista Pablo Giraldo
Ensayista, novelista y ahora también estudiante de cine en Barcelona, José Guerra ha escrito hasta el momento tres historias en las que la sexualidad de sus protagonistas juega un relevante papel, pero en ninguna otra ha volcado tantas experiencias e inquietudes propias como en esta. Es fácil imaginar que el personaje principal que la vertebra, Daniel, colombiano residente en Barcelona y aspirante a escritor, es, con reservas, un claro álter ego de este venezolano de 33 años, que lleva más de cuatro viviendo en la ciudad y que acusa el desencanto con la industria editorial local. De Barsexlona se desprende que todas las vivencias acumuladas por su autor desde que puso un pie en la ciudad no podían haber sucedido jamás en otro lugar del planeta que no hubiera sido Barcelona, protagonista indirecta de esta novela, merecedora del último premio Odisea. Sus gentes -oriundas o no-, su tradición editorial, sus zonas de cruising, el Gaixample y muchas otras cosas más quedan en entredicho bajo la atenta mirada de un inmigrante en busca del éxito que, ante tantos estímulos, sufre una transformación brutal.
SHANGAY EXPRESS: Aunque aquí se cuente la historia de Daniel, la causante de todo lo que acontece es Barcelona. ¿Qué imagen tienes de la ciudad?
JOSE GUERRA: La de un lugar que ha inspirado siempre a toda clase de artistas. Como el protagonista, cuando llegué a Barcelona me metí en un piso con otras cinco personas, cada uno de una nacionalidad distinta, y experimenté esa convivencia multicultural. Para mí, que venía de un círculo muy cerrado en Venezuela, encontrarme con todo lo que te ofrecía la ciudad, el tema del cruising gay y demás, me marcó muchísimo. Además, conocí a un chico argentino y a otro brasileño que llegaron también a la ciudad y a los que, por razones distintas, las cosas les salieron mal y terminaron prostituyéndose. Ellos me inspiraron parte del personaje de Daniel.
S.E: Hay demasiadas similitudes entre tu vida y la del personaje protagonista. ¿Hasta qué punto has usado a Daniel como tu álter ego?
J.G: En Daniel están mis vivencias y las de estos dos chicos, así que hay muchas verdades contenidas, pero hay la suficiente ficción como para proteger a determinados personajes. Me equivoqué, porque pensé que la historia iba a llegar a un público más reducido y está teniendo más proyección de la esperada. Hay gente de mi entorno que se lo ha comprado y ahora me miran de otra forma. Además, también hablo de las intimidades de un editor jefe y de una alta ejecutiva de la industria, dos personas muy reconocibles en el panorama de Barcelona, así que solo hay que atar cabos...
S.E: ¿Cuánto hay de cierto en ese frívolo retrato del mundo editorial que planteas?
J.G: Todo o casi todo, porque yo he vivido todas las experiencias malas del sector. No quise ser más sincero por no parecer surrealista, pero trabajé con dos importantes editoriales que incluso publican en Latinoamérica, y la falta de transparencia me pareció increíble. Lógicamente, no puedo decir que sean todas iguales, pero en las dos que yo he trabajado, así funciona. No hablo de acoso sexual directo, pero sí de la manipulación sexual que llevan a cabo. Me consta que existe porque la he vivido, y no he sido el único.
S.E: ¿Recurrir al sexo explícito sigue siendo infalible para llamar la atención de ciertos lectores gays?
J.G: Lamentablemente, sí. Y me preocupa muchísimo que se pierda la calidad literaria. Anteponer el sexo a la calidad de la historia es absurdo, y yo no quisiera colaborar a ello.
S.E: El protagonista demuestra una sexualidad poco convencional. Se autodenomina ‘indefinido sexual', una figura muy en el aire...
J.G: Imagino que es el reflejo del autor [risas]. Es una figura que existe y cada día es más patente, me consta. He trabajado en estudios de sexualidad en los que participaban voluntarios con conflictos sexuales y víctimas de violaciones y te das cuenta de que la gran mayoría de los chicos, en algún momento de su vida, ha tendido a la indefinición sexual. Todos somos biológicamente bisexuales, y si cambias tu contexto cerrado por una Barcelona con tantas opciones, es normal que empieces a dudar. Barcelona tiene la atmósfera propicia para ser más uno mismo, para ser más libre.
S.E: La novela pone de manifiesto que la homosexualidad sigue siendo un tabú entre los inmigrantes y que, además, estos se enfrentan a muchos prejuicios cuando llegan a Barcelona. ¿Uno se encuentra a menudo con ese rechazo?
J.G: Sí, desde luego. ¿Dónde está ese mito del chico latino? [risas] El rechazo al latino lo he vivido de primera mano, aunque otras veces también lo he explotado. Imagino que es una cuestión de contrastes, sobre todo aquí en Barcelona. Argentinos y brasileños parecen los más aperturistas en temas de tolerancia, pero todo depende del círculo del que vengas. Hay cierta tendencia a que, una vez aquí, se liberen de la carga del tabú.
EL LIBRO BARSEXLONA DE JOSÉ GUERRA ESTÁ PUBLICADO POR ODISEA EDITORIAL.