El director italiano parece haberle perdido el miedo a la carcajada en Tengo algo que deciros, una historia en la que siguen apareciendo familias burguesas, dramas encubiertos, gays en reafirmación y otros tantos elementos típicos de su filmografía, más uno que no había explotado lo suficiente: la tragicomedia.
Entrevista Pablo Giraldo
Foto Miguel A. Fernández
SHANGAY EXPRESS: No es la primera vez que abordas una historia gay, pero por primera vez te alejas del espacio urbano. ¿Te interesaba mostrar cómo se vive la homosexualidad fuera de la gran ciudad?
FERZAN OZPETEK: He ambientado casi todas mis películas en Roma y, sin contar Estambul (Hamam, el baño turco), esta es la primera vez que ruedo en otra ciudad. Me gustaba la idea de ir a una provincia como Lecce y rodar en zonas como Puglia o Salento porque me parecen los lugares más avanzados de Italia en cuanto a la apertura de mente de sus gentes. Aunque lo que yo esté contando aquí sea lo contrario, una historia sobre una familia de mentalidad cerrada. No es que yo venga a contar historias gays, yo cuento la vida en sí misma y lo que te encuentras en ella. A un director heterosexual nadie le pregunta por qué siempre aborda historias de heterosexuales. En el fondo creo que no me gusta definir a alguien o a algo con la palabra homosexual, significa limitarlo demasiado. Siempre digo que hablo de la vida en mis películas y que en la vida hay de todo.
S.E: ¿No sientes la necesidad de contar historias homosexuales en cada proyecto que abordas?
F.O: No. He hecho ocho películas, de las cuales cinco incluyen una historia gay. En la rueda de prensa de Corazón sagrado, mi quinta película, una periodista me preguntó por qué no había incluido una historia homosexual y yo le dije que sí lo había hecho, que el personaje de Lisa Gastoni era lesbiana, solo que no lo había manifestado durante la historia.
S.E: Más que de historias gays, tu cine trata sobre los amores imposibles o clandestinos...
F.O: Sí, clandestinos en el sentido de que todo lo que hacemos en la vida lo hacemos pensando en la reacción de los otros, en qué pensarán y en si les molestaremos o no. Me gusta la idea de alguien que ama y no es correspondido; sin embargo, hay un momento en que se necesita salir de esa clandestinidad y liberarse. Aquí tenemos al marido que tiene una amante, a la mujer que lo sabe pero finge no darse cuenta, a la tía que tiene otro amante y se lo niega a su familia, al hijo que oculta a su novio... Es casi trágico, pero en el fondo hace reír.
S.E: Siempre hay algo modélico en el retrato de tus personajes gays, como si hubiera una intención de normalizarlos y ridiculizar los estereotipos.
F.O: Algunos me han criticado por el retrato que hago aquí, o simplemente dicen que el tratamiento es anticuado, pero es que en la vida también hay historias como estas. Cuando trabajaba en el guión hubo una noticia sobre dos chicos gays a los que intentaron quemar vivos en París, otro chico al que habían pegado en el norte de Italia y otra pareja a la que habían agredido en Roma, así que me parecía una provocación muy divertida introducir en la película una mariconada en toda regla. Escogí al grupo de amigos del protagonista y escribí cada uno de esos personajes con más pluma que el anterior.
S.E: ¿Es esta tu película más cómica?
F.O: Es con la que más me he divertido. Y aunque es la que contiene más escenas cómicas, no se puede definir como una comedia. Tiene situaciones muy dramáticas, pero es que la fuerza de la comedia italiana se basa en hacer reír al espectador con las tragedias de los otros. A mí, como espectador, me gusta mucho el melodrama, siempre me he sentido muy cercano a él y a la ópera. De hecho, preparo la dirección de mi primera ópera, Aída, para estrenarla en el festival Maggio Fiorentino el año que viene. El melodrama me gusta porque es el género que más se acerca a la vida.
S.E: El éxito de tus historias en Italia contrasta con la situación de los gays en el país...
F.O: Al principio de mi carrera las distribuidoras no querían saber nada de mí porque pensaban que mis historias no las iba a querer ver nadie en Italia... No creo que se trate de eso, se puede decir que la gente se interesa por las situaciones cotidianas que retrato y por el modo de hablar que tienen mis personajes. La clave para que cada vez que estreno una película la gente vaya a verla está en la naturalidad.
LA PELÍCULA TENGO ALGO QUE DECIROS SE PROYECTA EN CINES DE TODA ESPAÑA.
