Existe una Chueca alejada de los estereotipos del ambiente, la que propone uno de sus vecinos, Ariel Capone, en la novela negra El maleficio de la duda, una turbia historia sobre un escritor en sequía creativa, en pleno proceso de desintoxicación, al que le acosan las alucinaciones y el peso de una infancia con cuentas que saldar.
Entrevista Pablo Giraldo
Foto Miguel A. Fernández
Cuenta Ariel que cuando abrió su restaurante (Kolabora) en Chueca hace diez años, comenzaban a proliferar en la zona otros tantos negocios con encanto cargados de personalidad, hoy en declive. Eran en su mayoría locales de pequeños y medianos empresarios que, como él, se han visto obligados a cerrar su negocio. "Entonces no había lugar para la franquicia ni para los grandes grupos hosteleros que ahora están jugándose el barrio al Monopoly. Las grandes marcas tienden a unificarlo todo y, en ese sentido, Chueca está perdiendo algo del genuino sabor de antaño", opina. "El barrio está en un punto delicado. Fíjate en las últimas noticias, hasta el Orgullo está en la cuerda floja, y eso que es la mayor fiesta de Madrid". Quizá haya algo de reivindicativo -o de vengativo- en el hecho de que Chueca sea el escenario elegido por Capone para ambientar gran parte de su segunda novela, El maleficio de la duda, con la que ha intentado evitar por todos los medios caer en los lugares comunes tanto del barrio como de un género tan presto al tópico y a la frivolidad como la novela negra. "Me planteé llevar el género del terror a un lugar donde no suele ubicarse. Quería una historia con personajes densos, bien escrita, adulta, honesta y alejada de las sagas descafeinadas y soporíferas de vampiros y zombis. Resultó curioso, porque en mi novela se aúnan el hiperrealismo más crudo de Bukowski con el realismo mágico de Gabriel García Márquez, mi escritor favorito. Por eso esta novela tiene tanto de Stephen King como de Los funerales de la mamá grande, de Gabo".
Bastian, el protagonista de esta siniestra historia de toques fantásticos, es un escritor que debe sobreponerse al éxito de su primera novela con una segunda entrega a la altura de las expectativas, y ha decidido someterse a un drástico proceso de desintoxicación para librarse de su adicción a la cocaína, que le está mermando su capacidad para inventar historias. Un peligroso coctel que le lleva a confundir recuerdos con alucinaciones y su propia fantasía en esta particular bajada a los infiernos de la droga. "Bastian soy yo de principio a fin, de la misma forma que soy yo cada uno de los demás personajes. Para mí la literatura solo tiene sentido como una forma honesta y seria de hablar de uno mismo. Escribo lo que soy y soy lo que escribo", explica. "El tema de la droga es complejo. Me da la sensación de que la gente la utiliza de una forma frívola y peligrosa a nivel puramente recreativo. Por otra parte, hay cientos de sustancias y yo, menos esa que sirve para abonar las orquídeas, las he probado todas. Creo que si estás preparado y tienes suficiente madurez, ciertas drogas pueden ayudarte a percibir la realidad desde otros puntos de vista".
A su torturado escritor, las cosas se le han ido de las manos y se siente acechado por su propio pasado, que vuelve para saldar las cuentas en forma de caballo mutilado, extrañas matas de pelo y otras muchas perversiones fruto de la imaginación de su autor. "En una segunda lectura, El maleficio de la duda es una novela que habla sobre el perdón. En este caso, el perdón a los padres. Creo que en la edad adulta a todos nos corresponde el trabajo de echar la vista atrás para comprender y perdonar a los que influyeron sobre nosotros cuando éramos niños. Personalmente, he utilizado la terapia psicoanalítica para comprender y perdonar a los que me hicieron daño sin querer".
Entre amigos
Ariel Capone no está solo en su aventura de promoción de la novela. Ha contado con dos padrinos de excepción, Alaska y Eduardo Mendicutti, que se han deshecho en elogios hacia esta truculenta historia con guiños a Tennessee Williams y Michael Ende. "Mendicutti es uno de los autores que más disfruto leyendo, y Alaska es, simplemente, mi ídolo de la infancia. A Eduardo lo conocía ya, y se puede decir que Olvido, desde el principio, formó parte de la novela, pues tenía en mente todo el tiempo utilizar El maleficio de la duda para llegar a ella. Pensé que no me contestaría cuando encontré la forma de hacerle llegar la novela, pero al mes recibí un mail que decía que no había podido dormir toda una noche hasta leérsela del tirón, y eso que estamos hablando de un ladrillo de quinientas páginas... El que no pude dormir las siguientes noche fui yo".
El resto de proyectos que Ariel tiene en cartera ya han empezado a rodar, y se extienden al cine -prepara la adaptación de su primera novela, Volver a ser Imelda- y al teatro. "Lo más cercano es el estreno de una pequeña obra de teatro, Sopa de colibrí, basada en una parte de El maleficio de la duda, que estrenaremos en la sala Microteatro Por Dinero, en Malasaña, protagonizada por Celia Freijeiro, mi actriz favorita".
LA NOVELA EL MALEFICIO DE LA DUDA DE ARIEL CAPONE ESTÁ EDITADA POR JP LIBROS.