Esta es una de esas producciones que nos hacen pensar en un subgénero que bien podría ser el reality porn.
A pesar del pésimo acting, no deja de resultar familiar la historia del cura salido que no pierde oportunidad de corromper a los monaguillos y catequistas jovencitos que tiene a su alrededor.
Se puede ver como un tributo a la clásica saga de Falcon The Other Side of Aspen. Y también está claro que algo hay de homenaje al estilo Cadinot de hacer porno.
La experiencia es un grado, y en esta película se reconoce ese valor.
Una manera distinta de conocer los entresijos de Bogotá es aventurarse en este porno tour, de lo más apetecible.
En esta ocasión, las fantasías hechas realidad por Jalif tienen que ver con currantes que se lo montan con compañeros, y que no dudan en dejar el trabajo un rato para echar un buen polvo.
Como gran veterana que es, la directora drag Chi Chi LaRue tiene claro a estas alturas qué tipo de cine porno le gusta hacer y ver.
Como si fuera el Lo que el viento se llevó de la factoría BelAmi, aquí tienes una cinta de casi cuatro horas de duración.
Lógicamente, aumenta la producción de porno gay específico para el mundo oso, que cuenta con un universo estético propio lo suficientemente contundente como para que exista un subgénero bear sólido.
La cuestión es ir al grano. La planificación brilla por su ausencia, el montaje es pedestre y no existe ningún sentido del ritmo.