Era consciente de que mucha gente esperaba un disco como La pasión, repleto de boleros en estado puro, desde hace años. Pero no ha querido grabarlo hasta estar segura de que saldría como ella lo soñaba. Ahora lo presenta orgullosa y con aplomo, el mismo con el que interpreta esos clásicos que ha hecho suyos.
Entrevista A.G.C.
Foto Miguel A. Fernández
Estilismo Sandra Espinosa
Ha decidido dar un título rotundo a su nuevo disco, el que la confirma una vez más como gran intérprete –lo de ‘gran dama’ le ruboriza–, pero en ningún caso se da más importancia de la necesaria. Sigue siendo una mujer cercana y sincera, que hace caso a sus instintos y huye de aspavientos innecesarios. La cierta distancia con que interpreta muchos de los boleros de su nuevo disco no se corresponde con su actitud en el trato personal. Se siente orgullosa de los pasos que ha dado tras enfrentarse a un inoportuno cáncer que le obligó a un incomodísimo impasse, y está contenta de no haber caído en las tentaciones que hacen que muchas intérpretes que han sufrido, bien por enfermedad o por amores, acaben cayendo en clichés manidos.
“A mí no me gustan esas cantantes que se dedican a llorar sus penas en los discos, y noto que cada vez hay más cantantes femeninas que lo hacen. A mí no me salió lamentarme ni siquiera con Vida tóxica [el primer disco que editó tras superar el cáncer], y espero que no me salga nunca”. Sí le ha salido grabar un disco que muchos seguidores suyos reclamaban desde hace años –desde que se estrenó Tacones lejanos, concretamente, en 1991, cuya banda sonora incluía sus ya míticas interpretaciones de Piensa en mí y Un año de amor–. De modo que La pasión es un álbum de boleros en toda regla que permite a Luz recrearse en una sensibilidad y una estética de aromas vintage que le sientan como anillo al dedo.
SHANGAY EXPRESS: ¿En qué momento interior te pilló la grabación de este nuevo disco?
LUZ: En uno estupendo, yo casi siempre estoy estupenda a nivel espiritual. Tengo bastante capacidad para recuperarme de los sofocones con rapidez, y lo hago cantando. Mi voz es el vehículo más cómodo para relacionarme con los demás. Sé que suena cursi, pero para mí cantar no es un trabajo, es una necesidad. En lugar de escribir o hablar mucho lo que hago es cantar sin parar. Y a través de las canciones me comunico con la gente que realmente me interesa, como esa persona que me puedo encontrar por la calle y me dice “Mira Luz, con tal canción viví no sé qué, no sé cuántos”. Eso es lo que más me llega y me impulsa a seguir.
S.E: ¿Sientes que juegas sobre seguro con este nuevo disco, dado que ya sabías que el bolero se te da bien?
L: Bueno, cuando grabé las dos canciones para Pedro [Almodóvar] se me abrió una puerta que ni se me hubiera ocurrido cruzar antes. Pensaba que el bolero era un género que pertenecía a otras generaciones y que no tenía nada que ver conmigo. La naturalidad con la que hice aquel trabajo me alertó, pero no quise hacer lo que todo el mundo me sugería en ese momento, y preferí ir perfilando con el tiempo cómo querría que fuese ese disco que todo el mundo esperaba de mí.
S.E: ¿Cómo querías que fuese La pasión?
L: Un homenaje, no exactamente un disco de versiones (aunque también lo sea); hay una sensible diferencia entre una cosa y otra. El homenaje ha consistido en no traerme las canciones que he grabado a mi terreno, sino en trasladarme yo al origen de esas canciones. Y eso ha implicado grabar de la forma más parecida a como se grababa cuando estas canciones se hicieron conocidas. Por eso recurrimos a músicos con gran experiencia. Y en vez de homenajear a un único compositor o intérprete, homenajeo a muchos.
S.E: ¿Cómo te ha sentado ese viaje al pasado?
L: Me he metido tanto en él que he sentido incluso cambios a nivel físico: ahora me gusta maquillarme e incluso vestirme de otra manera. El estar mucho tiempo mirando imágenes y grabaciones de los intérpretes que han grabado estas canciones antes que yo me ha influido sensiblemente.
S.E: Con la fama de perfeccionista que tienes, se entiende que te hayas empapado del estilo que ibas a abordar en este disco antes de sumergirte en él.
L: Leí recientemente una frase de un filósofo francés, cuyo padre era minero, que se me ha quedado: decía que él era perfeccionista como lo es la gente de la clase obrera, y me resultó hasta divertido sentirme tan identificada con esa idea. Porque si yo soy perfeccionista es porque he visto a mis padres trabajando siempre muy duro, y hasta que algo no estaba bien hecho no se acababa la tarea. Eso es lo que me pasa a mí: mientras tengo capacidad física, me esfuerzo por hacerlo todo lo mejor posible.
S.E: Además, has tenido la suerte de contar con todos los lujos posibles: producción de Renaud Letang, arreglos de Eumir Deodato, fotos de Jean Baptiste Mondino... Menudo poderío.
L: Y más dada la época en la que vivimos, ¿no? La verdad es que ha sido un privilegio en todos los sentidos. Creo que hice el disco en el momento justo, y dio la casualidad de que a todos los que han intervenido les apetecía hacer algo así en ese preciso instante, porque obviamente todos tienen novios para aburrir. Así que te puedes imaginar que todo ha resultado bastante fácil.
LUCIMIENTOS, LOS JUSTOS
S.E: ¿Te gusta lucirte vocalmente de cuando en cuando?
L: Yo siempre he sido muy apocada en ese sentido, aunque ahora empiezo a soltarme. Antes pensaba que llegar, por ejemplo, al la de la quinta octava era como enseñar las bragas sin necesidad. Yo sé que uso bragas, pero enseñarlas en público... Aunque entiendo que el mío es un trabajo en el que hay que mostrar ciertas cosas. Pero yo estoy más dispuesta a entregarme en cuanto a emociones que a un nivel técnico; me cuesta trabajo alardear de lo que sé hacer, porque pienso que resulta obvio. Eso sí, cuando hay que pegar el ‘bocinazo’, se pega.
S.E: En tu disco habrá mucha pasión, pero está contenida.
L: Exactamente. Y por eso muchas de las interpretaciones del disco son las primeras tomas, porque cuando me proponía cantarlas con más énfasis me quedaban horteras. “Es la historia de un amor como no hay otra igual”..., si le ponía demasiada intención a estas canciones me quedaban exageradas.
S.E: ¿Así las has disfrutado más?
L: Así he aprendido a contenerme. Como te decía, en lo que respecta a las emociones he sido siempre de abrirme muy en canal. En este caso, al ser todas canciones mil veces interpretadas, he querido hacerlas con distancia. Y en los conciertos también tengo que llevar cuidado con ellas, porque ya me ha pasado en alguna ocasión que al írseme la mano y no ponerme freno me quedaban folklóricas, en el peor sentido del término.
S.E: Porque tu vas camino de ser una ‘gran dama’ de la canción más que una folklórica...
L: [Risas] Yo creo que no voy camino de ninguna de esas dos cosas, pero desde luego prefiero lo sutil a lo obvio, me resulta mucho más enriquecedor tanto para mí como para el público. En mi caso, me viene mejor esa manera de interpretar, de expresarme, aunque eso no quiere decir que no pueda llegar un día en que me desgarre de la manera más tradicional.
S.E: ¿Te imaginas con bata de cola y cantando copla?
L: No. Pero debo decir que cuando el año pasado canté con Diana Navarro, en el concierto benéfico que di en Málaga [el pasado 27 de junio, en favor de la investigación contra el cáncer], decidí que, en lugar de traérmela a mi terreno, intentaría ir yo al suyo. Hicimos una versión de Tatuaje que no te la pierdas; la gente se quedó anonadada. Y desde entonces de vez en cuando me viene alguien y me dice
“Yo estuve en aquel concierto. ¡A ver para cuándo un disco de coplas!”. Lo veo difícil, aunque mira que hay canciones interesantes dentro del género...
S.E: ¿Y qué opinas de las intérpretes pop que aprovechan cada canción para lucirse vocalmente? En los 90, Whitney Houston, Mariah Carey y Celine Dion se convirtieron en abanderadas de dicha causa...
L.G: Si tienes voz me parece lógico que la uses, aunque no entiendo a esas vocalistas que a lo mejor tienen cuatro octavas y parecen empeñadas en romper vasos cada vez que cantan [risas]. De las que nombras, me gustaba sobre todo Whitney Houston, porque su voz me produce sensaciones más inmediatas que las otras, que como mucho te sorprenden porque dices “¡menudas notas da la tía!”, pero nada más. Luego hay mujeres cuyo registro no llega ni a una octava y son magníficas. Las voces si te llegan, te llegan, y si no, te da exactamente igual lo que puedan lograr.
S.E: ¿Sientes que has encontrado el equilibrio perfecto entre el pop, el rock y el resto de palos que vas tocando?
L: Lo he tenido en todo momento. El problema es que siempre he sentido un cierto rechazo a mi actitud, y por eso he estado en ocasiones a la defensiva, explicando siempre que soy muy versátil y que me gustan muchos tipos de música. Los que nos movemos en un mundo de muchas influencias y escuchamos músicas muy distintas acabamos metiendo cada vez más cosas en el buche, y antes o después te sale algo de todas ellas. En mi caso, además, porque no voy a pasarme la vida haciendo el mismo disco... Si una canción me parece importante, aunque no sea mía, me meto en ella y la hago, porque me sale así. Y no presto atención a si me van a atacar por cantarla. Hace mucho tiempo que no tomo ese tipo de precauciones.
EL ÁLBUM LA PASIÓN DE LUZ ESTÁ EDITADO POR BLUE NOTE/EMI.
