Algo deben tener las vastas tierras australianas para, con la escasa población con la que cuentan, ser uno de los países del mundo que más tíos buenos han aportado a la historia reciente del cine.
El nombre de Sam Worthington pasó a engrosar esa larga lista de atractivos intérpretes venidos de las antípodas –en la que ya figuraban Hugh Jackman, Russell Crowe o Eric Bana, entre otros– desde que protagonizara hace unos años las cintas Juego sucio y La guerra de Hart.
Originario de Perth –hogar del desaparecido Heath Ledger–, Worthington ha ido alternando sus trabajos en producciones australianas con otras cintas de la factoría Hollywood, hecho por el cual su rostro aún no es todo lo mediático que cabría esperar.
Esa suerte cambiará tras el estreno de Terminator Salvation, la última entrega de la saga postapocalíptica en la que interpreta al compañero de andanzas de John Connor (Christian Bale) en la eterna lucha que éste mantiene contra Skynet y su ejército de Terminators. Worthington llega a la saga sin saber muy bien ni cómo ni de dónde viene, si ha sido enviado desde el futuro o rescatado del pasado, motivo confuso por el cual se desconoce si ayudará a la resistencia humana o, por el contrario, acabará con ella.
Fue el responsable de las dos primeras entregas de la saga, James Cameron –con quien Sam Worthington trabajó en la pendiente de estreno Avatar–, el que dejó caer su nombre a McG para que le fichara en esta última cinta, tras las que vendrán las independientes Last Night y The Debt antes de que se ponga a jugar a los dioses como Perseo en el remake de Furia de titanes, junto a Liam Neeson y Ralph Fiennes.