Jeremy Shaw disfruta por igual abandonándose al arte contemporáneo o a la música electrónica. Lo que no le motiva como antes es el desenfreno nocturno. El polifacético creador canadiense, afincado en Berlín, retrata su actual estado de ánimo en Songs About Dancing And Drugs, reflejo de un tío que ha vivido –y bailado– mucho.
Entrevista Kenny Beat
“Me apetecía componer todo un disco en el que plasmar con cierta distancia mis experiencias cuando salía continuamente a bailar y a colocarme. Es algo que ya no hago tanto, y por tanto tengo cierta perspectiva”. Habla Jeremy Shaw desde Berlín, actualmente presentando el segundo álbum que firma como Circlesquare, un proyecto que en vivo defiende con banda pero que en estudio le sirve a Shaw para exorcizar demonios personales. En este caso, vía electrónica oscura y reposada, con toques industriales, sintetizadores melancólicos y guiños al krautrock.
“He vivido los subidones que traen consigo la noche y las drogas, y también las consecuencias de colocarte demasiado y pasar varios días sin dormir, y esa es la parte que me ha inspirado el disco”. A pesar del título del disco, su música no resulta bailable en un sentido inmediato, “pero sí busca que quien la escuche pueda sentir una especie de subidón. Tanto mi arte como mi música acaba por tener siempre relación con las drogas. Está claro que, aunque no las consuma con la frecuencia e intensidad de antes, siguen presentes en mi vida y mi obra”.
A sus 30 años, Jeremy siente que es momento de aceptar que vive una etapa menos frenética que cuando era un veinteañero. “Lo noto incluso en mi manera de salir. Por mucho que me gusten locales como Panorama, ahora prefiero ir a clubs de baile en los que tocan orquestas; son muy conocidos en Berlín, y yo disfruto más bailando clásicos populares que techno”.
Aunque se niega a pensar que por no tener ya 20 años no puede ir a los sitios más cool. “Lo bueno de Berlín es que aquí nadie te mira mal si eres un cuarentón y estás dándolo todo en un after al lado de un niñato. Nada que ver con Vancouver, de donde vengo. Quizá sea uno de los motivos por los que me instalé en una ciudad como Berlín, además de porque era un coñazo tener que cruzar el Atlántico cada vez que venía a tocar en directo”.
Asegura disfrutar especialmente acudiendo a clubs gays underground, que para él son los más especiales de la capital germana. “La diversidad musical que encuentro en ellos tiene poco que ver con los clichés que yo asocio a discotecas gays, sobre todo en Norteamérica. Por eso me he hecho tan fan de la cultura gay que he encontrado en Berlín”. Aunque todo tiene un límite a la hora de salir a locales gays. “A clubs de sexo con cuarto oscuro nunca iría; me gustan los sitios en donde todo el mundo se siente cómodo”.
Jeremy está ya presentando por toda Europa su disco, junto con los músicos que le acompañan en vivo, y poco a poco le va cogiendo el gusto al escenario, aunque se siga sintiendo infinitamente más cómodo en su estudio. “Digamos que me queda mucho para estar tan suelto como Justin Timberlake cuando actúo”, bromea. “Aunque me encantaría moverme como él. Resultaría de lo más subversivo que alguien como yo, cuya música es cualquier cosa menos mainstream, se presentara como un artista pop en toda regla”.
Será cuestión de ensayar viendo los vídeos de Justin una y otra vez. “Por eso me fascinan proyectos como Daft Punk, que saben sacar partido de su popularidad y colocarse en lo alto de las listas sin renunciar a su integridad artística”.
EL ÁLBUM SONGS ABOUT DANCING AND DRUGS DE CIRCLESQUARE ESTÁ EDITADO POR !K7/POPSTOCK!