Un accidente le obligó a posponer las funciones de Por el placer de volver a verla -que protagoniza junto a su mujer, Blanca Oteyza- semanas antes de su llegada al Teatro Amaya de Madrid. Ahora, un Miguel Ángel Solá renovado afronta el reto de batir con esta obra autobiográfica del escritor gay Michel Tremblay el millón y medio de espectadores que consiguió con su montaje insignia, Hoy: el diario de Adán y Eva de Mark Twain. ¿Lo conseguirá?
Entrevista Pablo Giraldo
SHANGAY EXPRESS: No es la primera vez que tu carrera sufre un parón de este tipo. ¿Cómo afronta un actor estos baches?
MIGUEL ÁNGEL SOLÁ: Los actores que tienen posibilidades económicas supongo que estarán mejor preparados para afrontarlos, pero a mí me desespera un poco este parón, además de mortificarme físicamente. Lo primero que se me pasa por la cabeza es Blanca, porque si ella está conmigo, lo demás es llevable y se arregla, como esta cara cosida por dentro y por fuera. Y mis nenas, el dolor de la pequeñina que ya lleva dos casi ‘fugas' de su papá. Pero luego además están los compañeros que van al paro, la desilusión de la gente y el miedo y la desconfianza que despiertan los accidentes reiterados. Todo eso se te pasa por la cabeza y te retuerce el corazón.
S.E: A estas alturas, parece poco probable que Blanca Oteyza y tú hagáis teatro por separado. ¿Siempre os implicáis en proyectos que se ajusten a las necesidades de ambos?
M.A.S: Desde que nos conocimos hicimos panda, y así hasta hoy. Ambos tuvimos nuestra primera casa propia -que ya no es del banco-, gracias a habernos elegido para trabajar. Nuestra vida en común ha sido excepcional, hemos peleado a brazo partido y empezamos todos los días de nuevo. En tele, en radio, en teatro... Y pregunta a quien quieras qué clase de compañeros de trabajo somos. Escribimos, producimos, nos hipotecamos, actuamos, cancelamos hipotecas y luego, con ganas, a la cama, al más nuestro de los territorios, a seguir amándonos.
S.E: Os habéis convertido en una pareja que reivindica un teatro "de las emociones, sencillo y no excluyente". ¿Echáis en falta esa clase de propuestas en la cartelera actual?
M.A.S: Echamos en falta una feroz defensa y promoción del teatro, porque a las productoras pequeñas como la nuestra les cuesta mucho sostenerse aun teniendo éxito. Pero cada cual con su librito, con su gusto, con su aporte y su necesidad. Si nosotros elegimos hacer este tipo de teatro es porque nos gusta que la gente quiera volver a un teatro. Nadie que vea una obra hecha por nosotros va a renegar del teatro.
S.E: Tus papeles en teatro han demostrado tener una vida muy larga. ¿No agota haber estado diez años con El diario... y que podría suceder lo mismo con Por el placer de volver a verla?
M.A.S: Lo entendería si, tras dos mil quinientas funciones, el personaje no tuviera espíritu y estuviese seco, pero El diario... era agua pura. El secreto de un buen trabajo es amarlo después de haberlo amado, como dice la canción y a mí los personajes me quieren, se quieren quedar conmigo siempre. No tengo nada que demostrar, solo debo entregarme al personaje que me eligió y hacerle sentir todas las noches que lo que viene a contar nunca va a estar mejor defendido que por mí.
S.E: Con El diario... dejabas intuir una posible retirada. ¿Bromeabas o de verdad te lo pensarías tras esta obra?
M.A.S: Se me entendió mal, o yo lo expliqué mal. Quería retirarme haciendo ese personaje porque me apasionaba y aún le quedaban muchos más años, pero tras la lesión medular que sufrí me quedó muy grande físicamente. Con éste me pasa algo muy parecido: es entrañable, feliz y siento que es tan útil como el otro. Ojalá me pueda retirar haciéndolo dentro de muchos años. O en su defecto, ponerme bien y pegarme otra temporadita con El diario.
S.E: La ficción nos ha acostumbrado a que las relaciones madre-hijo sean, por lo general, tortuosas. ¿Qué tiene de especial Por el placer de volver a verla?
M.A.S: Que a este autor se le ocurrió otra cosa. Ya multipremiado, agasajado, reconocido, querido, respetado y huérfano, decidió traerse a su mamá al escenario y, con ese mismo arte que ella le inculcó, pegarse una panzada de ella en el escenario, tenerla con él, jugar, recordar, reír y llorar con ella. Aquí no hay conflicto, es una caricia y un descanso como un cuento de buenas noches. Quizá no sea realista, pero es verdadera.
S.E: Su autor, Michel Tremblay, ha manifestado varias veces su arrepentimiento por no revelar su sexualidad a su madre antes de que muriera. ¿Se nota un acercamiento especial a la hora de tratar ese tema en la obra?
M.A.S: En la obra, madre e hijo no se juzgan en ningún momento, y creo que en la vida real debieron llevar una relación similar. Aquí solo se menciona ese tema una vez de manera muy leve; se deja caer de manera muy sutil, y eso es todo un logro para unos personajes que viven en los años setenta. El autor sabe que en realidad esa no es la cuestión que más le preocupa, y es de una elegancia estupenda que se dé a entender que la madre lo sabe y acepta, pero que no es un tema a discutir.
LA OBRA POR EL PLACER DE VOLVER A VERLA SE REPRESENTA EN EL TEATRO AMAYA (PASEO GENERAL MARTÍNEZ CAMPOS, 9) DE MADRID A PARTIR DEL 8 DE MARZO.